Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa La flotilla se deslizaba rÃo abajo y las aves pescadoras iban y venÃan trayendo en cada vuelo una garÃtsa que la tripulación destripaba seguidamente. Fuera de esa tarea, sólo tenÃa la de renovar las antorchas de los fanales. Cuando llegó a una parte del rÃo tan ancha que formaba un lago sembrado de pequeñas islas boscosas, dijo Karawal a Tabriz:
—Aquà van a realizar la gran pesca, porque es el punto donde la garÃtsa se reúne en mayor cantidad.
Empero, en las chalupas que avanzaban se produjo un hecho inesperado: los somorgujos apenas tocaban el agua se apresuraban a regresar a bordo y se negaban obstinadamente a volar de nuevo. Entre los tripulantes comenzó a manifestarse entonces cierta agitación: escrutaban el agua, olfateaban el aire, detenÃan la marcha. De pronto partió un clamor de la primera:
—¡Huyamos!… ¡Huyamos!… ¡La nafta!…
Y al mismo tiempo se veÃa una inmensa llama que avanzaba sobre la superficie del agua.