Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Mi querido amigo —le replicó el mollah— yo también tengo una hija cuyo rostro es hermoso como la luna, sus cabellos semejan hilos de oro y tiene los labios más rojos que el fruto de los árboles bajo los cuales nos hallamos. Pero ¿para qué nos sirven a ti y a mà los encantos de nuestras criaturas? Una esposa vale más que una hija, porque atiende con mayor celo los quehaceres domésticos.
Al final, los dos viejos acordaron cambiarse las respectivas hijas: el mollah se casó con la del alfarero y este con la del mollah. Desgraciadamente la primera era una cabecita alocada y poco después del matrimonio empezó a dirigir miradas dulces a los jóvenes cazadores que frecuentaban la aldea los dÃas de mercado. El mollah se dio cuenta de ello y en castigo le cortó la nariz y la mandó de vuelta a casa de su padre, con la explicación de que la habÃa puesto en ese estado para que adquiriese juicio. El alfarero al verla mutilada se quedó perplejo y discurrió de esta manera:
—Si mi hija se muestra sin nariz en la aldea, la gente se burlará de mà y me pondrá de apodo «el padre de la desnarizada». ¿Cómo podré soportar semejante ultraje?
Y para que nadie pudiera mofarse de él, la mató. Pero luego, exaltado por los remordimientos pensó: El mollah se portó como un bruto y me debo vengar.
Llamó a su mujer y le dijo: