Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Después de haber cruzado la planicie, atravesado montañas, vadeado rÃos de aguas heladas y haberse extraviado no pocas veces, llegó… no al campamento de la tribu que buscaba, sino a uno de los rusos del mar Caspio. Y cuando la aurora asomaba por oriente, la mujer del alfarero e hija del mollah, llah«, se dio por salvada.»
Aquà interrumpió el mestvire su relato y arrancó algunos acordes a las cuerdas de su instrumento.
—¿Y después? —preguntó Hossein que habÃa escuchado la historia con sumo interés.
—Después —concluyó el romancero con tono marcadamente burlón— la muchacha se Basó con el jefe de una tribu turcomana y dejó en sus manos, a los tres meses de matrimonio, la nariz y las orejas.
Y coronó el epÃlogo con una ruidosa carcajada que hizo palidecer intensamente al orgulloso joven.
—¿Qué es lo que quieres demostrar con esa historia? —preguntó este con las cejas fruncidas.
—Que todas las mujeres son infieles —le contestó el músico.
—¿Y vienes a decÃrmelo justamente a mÃ, que estoy por casarme con Talmá? ¿Esconde acaso tu relato una amonestación o alguna otra cosa?
—Yo no lo sé, mi señor —expresó humildemente el mestvire—. Sólo narro lo que he aprendido y nada más.