Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Cuenta algo mejor —intervino el anciano al observar que el enojo de Hossein aumentaba por grados—. Los romanceros de nuestra estepa son más poéticos en sus relatos:
El juglar pareció concentrarse, pero por debajo de sus tupidos párpados miraba fijamente a Abei Dullah el cual simulaba no prestarle ninguna atención. Luego bebió la mitad del vaso de cumis, templó la «guzla» y dijo:
—Escuchen esta canción:
He buscado la tumba de mi amada y no supe encontrarla. ¡Ay de mÃ!, suspiraba gimiendo, ¿dónde está mi adorada?…
Divisé una rosa entre hojas y espinas, sola, aislada, y la interrogué con el corazón palpitante: ¿Eres tú mi amada? La flor en señal de asentimiento se estremeció meció e inclinándose dulcemente dejó caer algunas gotas de rocÃo, sÃmiles a lágrimas.
Un ruiseñor voló por encima de mi cabeza y se posó sobre una mata. Me dirigà a él y le pregunté con voz tierna: ¿Eres tú mi amada? El ave extendió las alas, tomó con el pico la rosa y en su melodioso lenguaje me respondió que sÃ.