Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Una blanca estrella iluminó de improviso con suave fulgor a la rosa y al ruiseñor. Interpelé a la estrella magnÃfica en su belleza: ¿Eres tú mi amada? Y ella me contestó con un chispazo de luz que hirió mis ojos.
El aire en ese momento me acarició levemente el rostro y me susurró al oÃdo: ¡Ahà está la que buscas!
¡No te inquietes por ella! Transcurre los dÃas tranquila desde la aurora hasta el crepúsculo; pasa la noche serena desde el atardecer hasta la madrugada; el ser que tú has amado se ha dividido en tres: una rosa, un ruiseñor, una estrella…
El mestvire se puso de pie.
—La noche es oscura y los lobos pueden salir de sus madrigueras —dijo—. Mañana tengo que hallarme delante de la casa de la bella Talmá y habré de tocar y cantar largamente… ¡Buenas noches, mis señores!
—¿Por qué no pernoctas aqu� —quiso saber el beg—. No faltan ni cojinetes ni tapetes y podrás comer y beber hasta hartarte.
—Prefiero volver a mi humilde choza —manifestó el guzlero—. Tengo mucho que pensar para extraer de mi memoria los cuentos más hermosos que quiero relatar mañana durante el banquete de bodas.