Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Giah Agha sacó de uno de sus bolsillos una bolsita conteniendo varias monedas de oro y la arrojó a su huésped que la atrapó al vuelo.
—¡Buena suerte, mi señor! —deseó con un dejo de ironÃa en el tono a Hossein, ocupado en fregar vigorosamente el caño de una pistola.
Cambió una imperceptible seña con Abei Dullah y después de hacer una profunda reverencia al viejo beg, con su «guzla» en bandolera salió de la tienda. Durante algunos segundos se le oyó canturrear, hasta que el murmullo de las hierbas movidas por el viento cubrió su voz.