Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa En el cielo tenebroso no brillaba ni una estrella; fuertes ráfagas hacÃan inclinar los tallos de las plantas hasta casi tocar el suelo y por intervalos rumoraba en lontananza el ronquido del trueno sin el acompañamiento de los relámpagos. A pesar de conocer al dedillo el terreno que pisaba, al mestvire le costaba bastante trabajo orientarse en aquella oscuridad.
—He aquà una noche propicia para los «águilas de la estepa» —iba mascullando—. Se arrojarán sobre la presa con mayor velocidad que los halcones de Abei Dullah y el enamorado esposo se verá privado de la bella Talmá. El primito sabe dirigir bien sus negocios y es más generoso que el khan de Bukara. ¡Pobre beg Giah Agha! ¡Esta vez tu barba blanca vale menos que la naciente de un jovenzuelo de veinte años!
Levantó la cabeza, miró las nubes que pasaban empujadas por el viento cada vez más fuerte y expresó casi en voz alta:
—Hay que abrir bien los ojos.
Extrajo de debajo de la túnica dos pistolas, las colocó en la cintura al lado del yatagán y continuó su marcha tarareando: