El Capitán tormenta
El Capitán tormenta El tío Stake imprimió mayor velocidad a la chalupa, y con un rápido cambio de rumbo la lanzó contra estribor del barco turco. Agarrarse a la borda, saltarla de un brinco y caer sobre cubierta fue cuestión de un instante.
Un hombre que estaba apoyado en el palo mayor, viendo aparecer de improviso a un desconocido, gritó alarmado:
—¡A las armas!
El puño de hierro del contramaestre cayó como una maza con sordo rumor sobre el cráneo del turco, que se desplomó como herido por el rayo; pero su grito de alarma había sido oído.
Mientras tanto, el capitán Tormenta, Perpignano, El-Kadur y los griegos, dejando los remos y empuñando los arcabuces, habían aprovechado aquel momento de estupor general para invadir la carabela y amenazar a la tripulación, que salía en aquel instante de los camarotes de proa. El capitán Tormenta se lanzó sobre el comandante con la cimitarra en alto, pronto a descargar un golpe mortal.
—¿Quién sois? —gritó el turco.
En vez de contestar, el capitán Tormenta se volvió hacia Perpignano diciendo:
—¡Haced frente a la tripulación, y si no entrega las armas, fuego!