El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Callad, teniente! —dijo el capitán—. Siento una profunda angustia al pensar en que estas fieras provenientes del ardiente desierto de la Arabia entren en Famagosta sedientas de sangre.
La compañĂa habĂa salido ya del recinto de la ciudad, llegando a una gran explanada cerrada en un lado por los edificios y en el otro por un largo murallĂłn, en el cual ardĂan varias antorchas.
Bajo aquella luz rojiza se veĂan varios hombres cubiertos de hierro, que se afanaban alrededor de algunas culebrinas. De tiempo en tiempo, un relámpago, seguido de una detonaciĂłn, rompĂa las tinieblas.
El año 1570 habĂa comenzado de un modo nefasto para la RepĂşblica de Venecia, la mayor y más temible enemiga de los turcos. AlgĂşn tiempo hacĂa ya que el rugido del leĂłn de San Marcos se habĂa debilitado, primero en el Negroponto, en Dálmata, y despuĂ©s en las islas del archipiĂ©lago griego. AsĂ, Venecia habĂa recibido la primera herida, a pesar de la heroica resistencia que sus habitantes habĂan opuesto a los primeros golpes del enemigo.
Selim II, el poderoso sultán de Constantinopla, dueño del BĂłsforo, vencedor de hĂşngaros y austrĂacos, amo de Egipto, de TrĂpoli, de TĂşnez, de Argelia, de Marruecos y de medio Mediterráneo, solo esperaba el momento oportuno para conquistar para siempre las Ăşltimas posesiones que en Levante tenĂa la RepĂşblica.