El Capitán tormenta
El Capitán tormenta Relinchos de impaciencia interrumpieron la conversación. El capitán turco se adelantaba, seguido de muchos esclavos que conducÃan de la brida hermosos caballos de cabeza pequeña, crines larguÃsimas y remos finos y vigorosos.
—Estoy a tus órdenes, señor —dijo el turco a la duquesa—. He enviado un emisario a Haradja para anunciarle tu visita de parte de Muley-el-Kadel, y serás recibido con los honores correspondientes a tu alta posición. Recibirá gustosa a un enviado del León de Damasco.
—¿Le conoce?
Una extraña sonrisa cruzó los labios del turco.
—¡Qué sà le conoce! —dijo a media voz—. ¡Creo que por pensar en él no duerme! Pero él parece no preocuparse de la sobrina del bajá.
—¡Ah! —dijo la duquesa.
Un momento después los «emisarios» se alejaban del castillo precedidos por el turco y se internaban en la isla.