El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Son infieles!
Y, sin esperar más observaciones, dio una palmada, mientras los espectadores interrumpÃan sus conversaciones.
Los dos indios, que se habÃan colocado frente a frente, lanzaron un grito agudÃsimo, salvaje: probablemente, su grito de guerra.
Haradja se inclinó para no perder nada del sangriento espectáculo. Su rostro estaba encendido y sus ojos chispeaban.
Durante un cuarto de hora los dos indios estuvieron en igualdad, hasta que se golpearon con furia.
No habÃan transcurrido cinco segundos, cuando uno de los dos cayó pesadamente al suelo. El puño de hierro de su adversario le habÃa golpeado en pleno cráneo, matándole instantáneamente.
El vencedor puso un pie sobre el caÃdo y lanzó nuevamente su grito de guerra.
—¡Recoge las perlas! —le dijo Haradja—. ¡Las has ganado y te proclamo valiente!
El indio sonrió, recogió la joya, y después de mirar largamente al muerto, contra quien ningún odio le habÃa lanzado, se alejó lentamente dejando tras sà un reguero de sangre. Tampoco él habÃa salido ileso de aquella lucha feroz.
—¿Te has divertido, señor? —preguntó Haradja a la duquesa.