El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Ah! —exclamó Haradja—. ¿Cómo es que no veo mi carabela? Debes haberla visto cuando desembarcaste.
—SÃ, y sus hombres quisieron impedirme que desembarcase.
—¡Estúpidos! ¡No saben distinguir los amigos de los enemigos!
—Siempre es conveniente ser receloso, Haradja.
La turca echó pie a tierra, seguida de la duquesa.
Todos hicieron lo mismo, mientras que de la goleta salÃa una chalupa tripulada por Olao y los dos marineros que la custodiaban.
—Aquà habÃa una carabela —les dijo Haradja cuando llegaron a tierra.
—SÃ, señora —contestó Olao—. Ha desplegado velas esta mañana, diciendo que iba a reconocer la costa.
—¿Habéis visto alguna galera enemiga en el horizonte?
—Ayer tarde, antes de anochecer, una nave apareció por el sur, con rumbo a la isla. Es probable que la carabela haya salido a alta mar para reconocer si era turca o cristiana.
—Entonces volverá pronto —dijo Haradja—. Embarcad primero al cristiano, y amarradle en el entrepuente o encerradle en un camarote con centinelas.