El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¿Y la duquesa? ¿Y el vizconde? ¿Podremos salvarlos?
—La costa no está lejos; hay chalupas a bordo, y nos será fácil llegar a la costa. Allà encontraremos al León de Damasco; su esclavo debe haberle avisado ya.
—¡Qué hombre tan maravilloso! —dijo el tÃo Stake—. Vamos a efectuar un reconocimiento a ver si podemos forzar la puerta del almacén de recambio.
Se pusieron en pie los tres y salieron por la escotilla del entrepuente.
El tÃo Stake se acercó a la puerta del depósito, la cual se abrió sin violencia.
—¡No está cerrada! —exclamó con asombro.
—Porque he quitado yo la barra de hierro —repuso una voz.
Tres exclamaciones se oyeron a un tiempo:
—¡El renegado!
—¡SÃ, el renegado —dijo el polaco, irónicamente—, que viene de parte de la duquesa a salvaros! Decid a uno de vuestros hombres que se coloque en observación cerca de la entrada. Los que voy a deciros deben ignorarlo los turcos: me va en ello la piel.
—¡Buena para parche de tambor! —masculló el tÃo Stake—. ¡ResistirÃa mejor que la de burro!
El teniente hizo a El-Kadur seña de salir a la escotilla, diciéndole: