El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —Yo tengo una idea —dijo entonces Nikola, que los oÃa sin desplegar los labios—. Los turcos me han quitado las armas, pero me han dejado la yesca y el eslabón.
—¿Queréis prender fuego a la galera? —preguntó Perpignano.
—SÃ, señor —repuso Nikola—; serÃa el único medio de inutilizarla.
Sin saberlo, el griego habÃa tenido la misma idea que el polaco: la única que podÃa tener algunas probabilidades de buen éxito, porque una lucha entre los prisioneros desarmados y los tripulantes de la galera hubiera sido fatal para los primeros.
—¿Qué os parece? —preguntó Nikola, viendo que todos callaban.
—Que nos quemaremos todos —dijo Perpignano.
—No es en la cala donde pienso comenzar el fuego —dijo el griego—. Entraremos en el entrepuente e incendiaremos el depósito de cables y velas de recambio.
—¿Y si hubiese algún centinela? —preguntó el teniente.
—Se le retuerce el pescuezo —dijo el tÃo Stake.
—¿Cuándo creéis que llegaremos a Hussif? —preguntó Perpignano.
—Lo menos, a medianoche —replicó Nikola—. La brisa no aumentará hasta que se ponga el sol.