El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Esto es el fin! —dijo Metiub, con ira—. ¡Alá lo querÃa asÃ; estaba escrito!
Sin embargo, no quiso darse por vencido.
—¡Agua, marineros, agua! ¡No debemos dejar perder la galera que me ha confiado la sobrina del bajá! —gritó con suprema energÃa—. ¡Aún hay esperanza!
Sin embargo, hacÃa falta otra cosa que cubos de agua para apagar el inmenso incendio que amenazaba destruir toda la nave.
—¡Se acabó! —dijo el tÃo Stake, tirando el cubo—. ¡Si no escapamos pronto, nos convertiremos en chuletas a la parrilla!
El polaco, que estaba a su lado, le preguntó:
—¿Lo crees as�
—¡Ya es hora, capitán! Si tardamos un poco más, se hundirá la toldilla bajo nuestros pies, y entonces…, ¡buenas noches a todos!
—¿Dónde está El-Kadur?
—Al lado del vizconde.
—Voy a cuidar de la duquesa y del herido.
—¡Daos prisa, señor; el alquitrán pronto lo invadirá todo!
En aquel momento llegaba Metiub, seguido por parte de la tripulación.
—¿Nos vamos, pues? —preguntó el polaco, deteniéndole.