El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡La galera está perdida! —respondió el turco haciendo un gesto de desesperación.
—¡Todos lo vemos!
—Ganaremos la costa con las chalupas.
—¿Cabremos todos?
—Creo que sÃ. Id, y salvad a la señora.
—¡Allá voy! —repuso el polaco.
Atravesó corriendo la toldilla y se lanzó hacia la enfermerÃa, mientras los turcos se precipitaban a las chalupas. El-Kadur se disponÃa a coger entre sus brazos al vizconde, cuando apareció el polaco.
—¡Cuida de tu señora! —le dijo Laczinski—; yo salvaré al vizconde. Doctor, ayúdame.
—¿Salimos de la galera? —preguntó la duquesa, que parecÃa agobiada por el dolor.
—SÃ, señora; la toldilla está por caer, y los palos no durarán mucho.
—¿Y Perpignano, el tÃo Stake?
—No sé dónde están. Hay una confusión enorme sobre cubierta. ¡Apresurémonos, señora, si queremos encontrar puesto en las chalupas!
Envolvió en una manta al vizconde, que se habÃa desvanecido de nuevo, le tomó en sus robustos brazos y siguió a la duquesa, a quien El-Kadur arrastraba hacia el entrepuente. El viejo médico los habÃa precedido para preparar al herido un sitio en alguna chalupa.