El Capitán tormenta
El Capitán tormenta La defensa de Famagosta se habĂa reconcentrado en el fuerte de San Marcos, porque sabĂan que el esfuerzo supremo de los turcos se dirigirĂa hacia aquel lado, por ser la llave de la ciudad.
Los mejores capitanes, Tormenta entre ellos, habĂan llevado allĂ sus compañĂas, y veinte culebrinas de las mayores habĂan sido trasportadas. El fuego de tanta artillerĂa, manejada por los más hábiles marineros venecianos, debĂa dirigirse sobre las compactas columnas turcas, que avanzaban serenamente desafiando la muerte.
Apenas se habĂa reanudado el fuego, cuando El-Kadur, que habĂa abandonado el campo turco antes del movimiento de los asaltantes, escalĂł el muro, presentándose al capitán Tormenta.
—¡Señor —dijo con un estremecimiento de voz—, la hora terrible va a sonar para Famagosta! ¡A menos que ocurra un milagro, la ciudad estará mañana en poder de los infieles!
—¡Todos estamos dispuestos a morir! —dijo la duquesa con acento resignado. ¿Y el señor Le Hussière?
—¡Dios le salvará!
—¡Aún es tiempo de huir! ¡Cubierta por mi manto árabe, puedes pasar inadvertida en la horrible confusión que sucederá al ataque!