El Capitán tormenta
El Capitán tormenta El rumor continuaba. El que trataba de entrar lo hacÃa con grandes precauciones. QuerÃa sorprender a los refugiados creyéndolos dormidos, o acaso, lejos de ser un turco, era un infeliz cristiano que también conocÃa el subterráneo.
Tal sospecha asaltó al árabe.
—Esperaré antes de hacer fuego —murmuró—; podrÃa matar a un amigo en vez de a un enemigo.
El que fuera seguÃa avanzando. En breve llegó a la abertura, siempre con grandes precauciones.
Por fin apareció la cabeza.
El-Kadur apuntó rápidamente, diciendo:
—¿Quién eres? ¡Habla, o hago fuego!
—¡Detente, El-Kadur, soy Perpignano!