El Corsario Negro
El Corsario Negro Carmaux, que seguÃa detrás del Corsario mirando a los soldados, al verle dio un grito.
—¡Relámpagos! —exclamó.
—¿Qué tienes, valiente? —preguntó el Corsario volviéndose con viveza.
—¡Que van a delatarnos, Comandante! ¡Aquel hombre es uno de los vascos que nos acometieron con las navajas!
—¡Ah! —dijo el Corsario.
El vasco —pues era, en efecto, uno de los que habÃan asistido al duelo en la taberna y después acometido a los filibusteros en la calle— se dirigió al Teniente, diciendo:
—¿Queréis saber quién es aquel caballero del sombrero negro?
—Sà —contestó el Teniente—. ¿Le conoces tú?
—¡Caray! ¡Como que uno de esos hombres es el que me ha puesto de este modo! ¡Señor teniente, que no se os escape! ¡Es uno de los filibusteros!
Un grito, pero no de espanto, sino de furor, estalló por todas partes, siguiendo un disparo y un gemido doloroso.
A una señal del Corsario, Carmaux levantó rápidamente el mosquete, y con una bala admirablemente dirigida tumbó al vasco.