El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Tanto mejor! ¡Asà habrá calor por ambas partes!
En aquel instante resonó en el mar una voz fuerte. ProcedÃa del barco contrario, y el viento llevó su eco hasta el barco filibustero.
—¡Ohé! ¡Barco sospechoso a babor!
En el puente de órdenes de este último se vio que el Corsario Negro se inclinaba hacia Morgan, como si le dijese algo en voz baja, y en seguida, subir sobre la cubierta de cámara, gritando:
—¡Venga la barra! ¡Hombres de mar, a la caza!
Solamente separaba una milla a ambos buques; pero los dos debÃan tener una velocidad extraordinaria, porque la distancia no parecÃa acortarse.
HabÃa transcurrido una media hora, cuando de pronto, sobre el barco español, o como tal creÃdo, se vio iluminarse rápidamente la cubierta y parte de la arboladura; en seguida una detonación fragorosa se propagó sobre las aguas, yendo a perderse en la lejanÃa, retumbando de un modo sombrÃo y prolongado.
Un silbido, bien conocido de los filibusteros, se oyó en el aire; después un chorro de agua saltó a más de veinte brazas de la nave corsaria.
Ni una voz salió de entre la tripulación. En los labios del Corsario se dibujó una sonrisa desdeñosa, como saludo despreciativo para aquel mensajero de la muerte.