El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Lo sé, y desafiaré a este! El barco de lÃnea es el que debe ir a buscar refugio en aquellas costas; pero mi Rayo, no. ¿Quién manda a los hombres que se han embarcado en el barco español?
—El maestre Wan Horn.
—¡Un hombre valiente y que llegará a ser un filibustero de fama! ¡Sabrá salir del apuro sin soltar la presa!
Descendió a la toldilla de la cámara con el portavoz en la mano, y subiéndose en la amura de popa, gritó can voz tonante:
—¡Cortad el cable de remolque! ¡Ohé! ¡Maestre Wan Horn, refugiaos en Jamaica! ¡Nosotros os esperamos en las Tortugas!
—¡Está bien, Capitán! —contestó el maestre, que estaba en la proa esperando órdenes.
Cogió un hacha, y de un solo tajo cortó d cable de remolque; en seguida, dirigiéndose hacia sus marineros, gritó, quitándose el gorro:
—¡A la voluntad de Dios!
El barco desplegó las velas del trinquete y del mesana, no pudiendo utilizar las del mayor; viró de bordo y se alejó hacia Jamaica, mientras que El Rayo se metÃa atrevidamente entre las costas occidentales de Haità y tas meridionales de Cuba.