El Corsario Negro
El Corsario Negro Después de batir con horrible furia a Puerto Rico y Haití, el huracán se lanzaba en aquellos momentos en el canal de Barlovento con la temerosa violencia tan conocida de los navegantes del Golfo de México y del Mar Caribe.
A la clara y brillante luz de la zona ecuatorial sucedió una noche oscurísima, pues todavía los relámpagos no la iluminaban. Era una noche de las que infunden miedo a los más audaces marineros. No se veía otra cosa que la espuma de las olas, que parecían haberse vuelto fosforescentes.
Una ráfaga de agua y viento barría el mar con irresistible ímpetu; golpes furiosos de huracán sucedíanse los unos a los otros, produciendo silbidos y rugidos pavorosos, haciendo crepitar las velas y doblando la sólida arboladura.
Oíase resonar en los aires un extraño ruido, que iba en aumento a cada instante. Parecía como si miles de carros cargados de hierro corriesen por el cielo, o que pasaran a todo vapor sobre puentes metálicos pesadísimos trenes.