El Corsario Negro
El Corsario Negro —¿Vendrá siguiéndonos alguien? —preguntó el Corsario.
—¿Quién? Nadie se atreverÃa a caminar de noche por en medio de estos bosques vÃrgenes, y sobre todo a estas horas —contestó el catalán.
—¿Será alguno de los de la escolta del Gobernador?
—¡Hum! ¡Esos deben de estar muy lejos!
—Entonces, será algún indio.
—Quizás; pero dudo que sea un indio. ¿Eh? ¿Han oÃdo ustedes?
—¡SÃ! —afirmaron los filibusteros y el africano.
—¡Alguien ha quebrado una rama a pocos pasos de nosotros! —dijo el catalán.
—Si no fueran tan espesos esos grupos de árboles y esas malezas, se podrÃa ir a ver quién es el que nos sigue —dijo el Corsario desenvainando la espada.
—¿Probamos, señor?
—DejarÃamos las ropas entre los espinos ansara; pero admiro tu valor.
—¡Gracias! —contestó el español—. ¡Eso, dicho por usted, vale para mà mucho! ¿Qué debemos hacer?
—Proseguir la marcha con la espada desnuda. ¡No quiero que se utilicen los fusiles!
—¡Entonces, adelante!