El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡No podÃamos escoger un sitio mejor! —dijo el catalán—. Los indios son peligrosos en la espesura; pero no se atreven a atacar en terreno descubierto. Además, voy a disponer y preparar el campamento de modo que no puedan forzarle.
—¿Quieres construir una trinchera? —preguntó Carmaux—. ¡SerÃa uno operación un poco larga, amigo catalán!
—Bastará con una barrera de fuego.
—¡Saltarán por encima; no son jaguares ni pumas para que tengan miedo a unos cuantos tizones!
—¿Y esto? —dijo el catalán mostrando un puñado de frutos redondos.
—¿Qué es eso?
—Pimienta; y de la más fuerte. Durante la marcha he venido haciendo recolección y traigo llenos los bolsillos.
—Es muy buena para comer con la carne, aun cuando abrasa un poco la garganta.
—También servirá para los indios.
—¿Cómo?
—La echaremos en el fuego.
—¿Sienten miedo al estallido de esas vainas?
—No; pero al humo que despiden, sÃ. Si quisieran saltar la barrera de fuego, se les abrasarÃan los ojos, y se quedarÃan ciegos durante un par de horas.