El Corsario Negro
El Corsario Negro Se pusieron en marcha uno detrás de otro, yendo a buen paso y con los ojos fijos en el suelo para ver dónde ponían los pies.
Los cucuyos hacían su oficio a maravilla, pues con su luz se distinguían, no solamente las lianas y las raíces que serpenteaban por entre los árboles, ofreciendo incesantes peligros sino también los insectos nocturnos.
Aquellas luciérnagas, que son las más hermosas de todas y las mejores, despiden tan viva luz, que se puede leer con ellas a más de treinta centímetros de distancia, pues la potencia de sus órganos luminosos es muy grande.
Cuando son pequeñas, la luz que despiden es azulada; pero al hacerse adultas cambia el color, que se torna verde pálido y de muy bello efecto. Los huevos que depositan las hembras son ligeramente luminosos.
Sobre estos pyrophorus noctilucus, como los llaman los naturalistas, se han hecho curiosísimos estudios con objeto de saber cuál es el órgano que produce luz tan viva, y se ha averiguado que consiste en tres placas, situadas dos en la parte anterior del tórax y la otra en el abdomen, y que la substancia generadora de la luz es una albúmina soluble en el agua que se coagula con el calor.