El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Mal va a concluir esto!
Los dos indios emplearon algunos minutos en la requisa y al cabo se alejaron, metiéndose por entre la maleza. Sus compañeros debÃan de estar ya lejos porque sus gritos llegaban bastante amortiguados.
El Corsario esperó todavÃa algunos minutos más y, no oyendo nada, convencido de que los arawakos se habÃan alejado definitivamente, dijo a Carmaux:
—¡Prueba a sacudir la rama!
—¿Qué quiere usted hacer, Comandante?
—¡Desembarazarte de esa peligrosa compañÃa!
—¡Eh, Wan Stiller, prepárate para atacarla con el sable!
—¡Aquà estoy yo también, patrón! —dijo Moko, que se habÃa puesto de pie en la rama, cogiendo por el cañón su pesado fusil—. ¡De un buen mazazo echaré abajo a esa bestia!
Tranquilizado Carmaux al ver en derredor tantos defensores, empezó a saltar violentamente sacudiendo la rama.
El animal lanzó un sordo maullido, y comenzó a soplar como un gato irritado.
—¡Fuerza, Carmaux! —dijo el catalán—. ¡Si no se mueve, eso indica que te tiene miedo! ¡Sacude fuertemente, y échalo abajo!