El Corsario Negro
El Corsario Negro —Le alcanzaremos en la selva palúdica, señor; estoy seguro de ello.
—Tengo miedo de que pueda llegar a Gibraltar antes que yo, y que se me escape por segunda vez.
—También estaré yo en Gibraltar, señor y no pienso perderle de vista. ¡No he olvidado los veinticinco palos que mandó darme!
—¿Tú en Gibraltar? ¿Qué quieres decir?
—Que yo entraré antes que ustedes, y que por eso le vigilaré.
—¿Y por qué vas a entrar antes que nosotros?
—¡Señor, yo soy español! —dijo el catalán gravemente.
—Prosigue.
—Y espero que usted me permitirá hacerme matar al lado de mis camaradas; porque supongo que no ha de obligarme a batirme en las filas de usted contra la bandera de España.
—¡Ah! ¿Tú quieres defender a Gibraltar?
—Tomar parte en su defensa, Comandante.
—¿Tienes prisa por abandonar este mundo? ¡Los españoles de Gibraltar van a morir todos!
—¡Pues bien; aunque asà sea, morirán con las armas en la mano en derredor de la gloriosa bandera de la patria lejana! —dijo el catalán conmovido.