El Corsario Negro
El Corsario Negro —Es un perseguidor de monos y de pájaros, que no se atreve a atacar a los hombres.
—¡Ah! ¡Bergante! —exclamó Carmaux—. ¡Si lo hubiera sabido antes, le hubiera cogido por el rabo; pero me vengaré del miedo que me ha hecho pasar! ¡Después de todo, los gatos bien asados no saben mal!
—¡Oh! ¿Comes gatos? ¡Qué asco!
—¡Te los haré probar, catalán de mi corazón, y veremos entonces si les haces ascos!
—Puede ser que no; tanto más, cuanto que estamos escasos de vÃveres, y la selva que tenemos que atravesar es muy pobre de caza.
—¿Por qué? —preguntó el Corsario.
—Es la selva palúdica, señor, la más difÃcil de atravesar.
—¿Es grande?
—Llega hasta Gibraltar.
—¿Tardaremos mucho en atravesarla? No quisiera llegar a Gibraltar después que el Olonés.
—Creo que podremos recorrerla en tres o cuatro dÃas.
—¡Llegaremos a tiempo! —dijo el Corsario, como hablando consigo mismo—. ¡Creo que serÃa una imprudencia ponernos ahora en camino!
—TodavÃa no se han alejado bastante los indios, señor. Yo le aconsejo que pase la noche en este árbol.
—Pero entretanto se aleja Wan Guld.