El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Durará poco, compadre! —contestó el negro—. Si no lo comemos hoy, mañana esta humedad caliente le habrá puesto en un estado tal de putrefacción, que habrá que tirarlo.
—¡Bah! ¡Ya encontraremos otra cosa que poner entre los dientes!
—¡No conoces estas selvas húmedas!
—Mataremos pájaros.
—¡No los hay!
—Cuadrúpedos.
—¡Tampoco!
—Buscaremos fruta.
—¡Todos estos árboles carecen de ella!
—¡Hombre, por lo menos, algún caimán ya ha de haber!
—Aquà no hay lagunas. No verás más que serpientes.
—¡Nos las comeremos!
—¡Vamos! ¡Compadre!
—¡Por mil tiburones! ¡A falta de otra cosa las asaremos, y las haremos pasar por anguilas!
—¡Puah!
—¡Oh; el negro quisquilloso! —exclamó Carmaux—. ¡Ya veremos en cuanto tengas hambre!