El Corsario Negro

El Corsario Negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Veíanse algunas jararacás, serpientes pequeñitas, de color de tabaco, de cabeza aplastada y triangular, de sutilísimo cuello, y que son tan venenosas, que los indios las llaman «las malditas»; algunas rojas, llamadas también ay-ay, negras por completo, y que inyectan un veneno casi fulminante; la boicinega o serpiente de cascabel, y algunos urutús, reptiles rayados de blanco, cuya mordedura produce la parálisis del miembro lesionado.

Al oír el grito de Carmaux, el negro fijó en él sus grandes ojos, que parecían de porcelana, y apartando la flauta de los labios, dijo, asombrado:

—¿Vosotros? ¿Todavía aquí? ¡Yo los creía en el Golfo y seguros ya de los españoles!

—Sí, nosotros somos; pero… ¡que el diablo me lleve si doy un paso por entre esos reptiles que te rodean!

—¡Mis animales no hacen daño a los amigos! —contestó el negro, riendo—. Espera un momento, compadre blanco: los enviaré a dormir.

Cogió un cesto hecho con hojas trenzadas, metió dentro a las serpientes, sin que estas se rebelasen, lo cerró con gran cuidado, y para mayor seguridad le puso encima una piedra. Hecho esto, dijo:

—Ahora, ya puedes entrar sin cuidado alguno, compadre blanco. ¿Vienes solo?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker