El Corsario Negro
El Corsario Negro Mientras tanto, el Gobernador y el que le acompañaba habÃan subido a bordo de la carabela, e informando, probablemente, en el acto al Comandante del peligro que habÃan corrido, porque un momento después se vio a los marineros recoger las velas a toda prisa.
—¡Pronto, mis bravos! —gritó el Corsario, a quien no se le habÃa escapado nada—. ¡Los españoles se disponen a darnos caza!
—¡Estamos ya a cien pasos de la playa! —contestó Carmaux.
A bordo del barco relampagueó una llamarada en aquel momento, y los tres filibusteros oyeron atravesar el aire silbando una nube de metralla, cuyos proyectiles fueron a chocar en la cumbre de un escollo.
—¡Pronto! ¡Pronto! —gritó el Corsario.
La carabela remontó la lengua de tierra y se disponÃa a virar de bordo, mientras que sus marineros echaban al agua tres o cuatro chalupas para apresar a los fugitivos.
Siempre resguardados por los escollos, Carmaux y Wan Stiller redoblaron sus esfuerzos y pocos momentos después tocaba la canoa en la arena a tres o cuatro pasos de la playa.