El Corsario Negro
El Corsario Negro —¿Y qué quieres hacer si toda la tripulación de la carabela viene al asalto de este islote? —preguntó Wan Stiller.
—¡También asaltaron los españoles la casa del pobre notario de Maracaibo, y nosotros encontramos el medio de marchamos sin que nos molestasen!
—¡Sà —dijo el Corsario Negro—; pero no estamos en la casa del Notario, ni tenemos un conde de Lerma que nos ayude!
—¿Estaremos condenados a terminar nuestros dÃas en la horca? ¡Ah! ¡Si viniese el Olonés en nuestro socorro!
—TodavÃa debe de hallarse ocupado en saquear Maracaibo —dijo el Corsario—. Creo que por el momento no debemos aguardar nada de él.
—¿Y qué espera usted permaneciendo aqu�
—¡Ni yo mismo lo sé, Carmaux!
—¡Pensemos, Comandante! ¿Cree usted que el Olonés se detendrá todavÃa mucho tiempo en Maracaibo?
—Ya debiera estar aquÃ; pero se habrá detenido para perseguir a los españoles que se refugiaron en los bosques, pues ya sabes el odio que les profesa.
—¿Le ha dado usted una cita?
—SÃ; para que me esperase en la boca del Suana o del Catatumbo —contestó el Corsario.
—Entonces, tenemos la esperanza de que llegue de un dÃa a otro.