El Corsario Negro
El Corsario Negro Después, inclinándose hacia el Corsario, murmuró a su oÃdo:
—Gibraltar y Maracaibo están lejos, caballero, y pronto le daré una prueba de cómo el conde de Lerma se la juega al flamenco. ¡Ahora, silencio!
En aquel instante la chalupa, escoltada por las otras dos embarcaciones, llegaba al lado de la carabela.
A una señal del Conde sus marineros cogieron a los tres filibusteros y los transportaron a bordo de la carabela; mientras tanto, decÃa una voz con aire de triunfo:
—¡Por fin, también ha caÃdo en mis manos el último!