El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Vamos, conde de casa del Diablo! —dijo con los dientes apretados—. ¡Dentro de poco habrá aquà un muerto!
El aventurero se habÃa puesto a su vez en guardia; pero de pronto se irguió diciendo:
—¡Un momento, caballero! ¡Cuando se cruza el hierro, se tiene derecho a saber quién es el adversario!
—¡Soy más noble que tú! ¿Te basta?
—No; el nombre es lo que quiero saber.
—¿Lo quieres? ¡Sea; pero peor para ti, porque ya no podrás decÃrselo a nadie!
Se le acercó y murmuró a su oÃdo algunas palabras.
El aventurero lanzó un grito de asombro, dando dos pasos atrás como si hubiera querido refugiarse entre los espectadores y traicionar el secreto; pero el Corsario Negro comenzó a atacarle vivamente, obligándole a defenderse.
Los bebedores formaron un amplio cÃrculo en derredor de los contendientes. En primera lÃnea estaban Carmaux y el negro; pero no parecÃan preocuparse por el éxito de aquel encuentro, sobre todo el primero, que sabÃa de lo que era capaz el fiero Corsario.