El Corsario Negro
El Corsario Negro —CorrÃa el peligro de que le prendiesen, y he pensado que podrÃa ser más útil aquà que estando de guardia en la cabaña.
—¿Y el prisionero?
—Le hemos atado; de modo que allà le encontraremos, si es que antes no le han dado libertad sus camaradas.
—¿Y dónde está Wan Stiller?
—¡Espera un momento, compadre!
El negro se puso ambas manos en la boca y dio un ligero grito, que podÃa confundirse con el de un vampiro, uno de esos murciélagos grandes que tan abundantes son en América.
Instantes después un hombre aparecÃa en la tapia del jardÃn, y de un salto caÃa al lado de Carmaux, diciendo:
—¡Cuánto me alegro de verte vivo todavÃa, camarada!
—¡Y yo me alegro más que tú, amigo Wan Stiller! —contestó Carmaux.
—¿Crees que el Capitán desaprobará que haya venido? Yo no podÃa estar escondido en el bosque, sabiendo el peligro que corrÃais.
—El Comandante se alegrará, amigo. ¡Un valiente más en estos instantes es demasiado necesario para que no se vea con satisfacción!
—¡Vámonos!