El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo El conde iba a tomar el cigarro, cuando resonó un arcabuzazo, y una bala le pasó silbando sobre la cabeza.
Botafuego levantóse precipitadamente, empuñando el arcabuz.
—Señor conde —dijo con voz alterada—, han llegado refuerzos a los españoles y se disponen a fusilarnos.
Luego, alzando la voz, añadió, dirigiéndose a Mendoza y al gascón:
—Se empeña la batalla: ¡Cuidado con las balas!