El hijo del Corsario Rojo

El hijo del Corsario Rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPĂŤTULO IX

LA VILLA DE LA MARQUESA DE MONTELIMAR

Aunque agotados por tan larga carrera, los cuatro hombres, con un supremo esfuerzo, saltaron la cerca y cayeron en medio de un soberbio plantĂ­o de bananos, los cuales, con sus inmensas hojas, podĂ­an ocultarlos a las miradas de los perseguidores.

Botafuego, después de dirigir una mirada rápida a su alrededor y de tomar aliento, hizo señas a sus compañeros para que les siguiesen sin tardanza.

Ocultándose entre los árboles, recorrió cuatrocientos o quinientos metros y se detuvo ante un pabellón construido todo de piedra y coronado por vasta terraza.

—Ocultémonos aquí por el momento —dijo—. Los españoles, no se atreverán, al menos por esta noche a importunar a los criados de la marquesa.

—¿Y cómo nos recibirá el administrador de la señora? —preguntó el conde.

—Ya me conoce —respondió el bucanero—. Muchas veces he venido aquí a proveerme de pólvora y de balas después del servicio prestado a la marquesa. Me recibirá como a un amigo.

—Eso es una fortuna —dijo Mendoza—. Si no fuese así, podría tomarnos por filibusteros y obsequiarnos con una buena granizada de plomo en vez de la comida que esperamos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker