El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo EL CABO TIBURÓN
Dos horas despuĂ©s, Marto, acompañado de dos vigorosos negros, quitaba los toneles que obstruĂan la entrada y aparecĂa ante los filibusteros, diciendo:
—Señores, mi ama os aguarda; sois libres…
El conde, que ya se habĂa despertado y que estaba discutiendo con Botafuego sentado junto a la antorcha encendida de nuevo por Mendoza, alzĂłse prontamente, preguntando con alegrĂa:
—¿De modo que se han ido los españoles?
—SĂ, señor conde.
—¿Cómo se las ha arreglado tu señora para desembarazarse de ellos?
—Ella misma os lo dirá. Os espera para tomar el café.
—Vamos, Botafuego. Hoy por la tarde quiero hallarme a bordo de la fragata. Mi ausencia ha sido demasiado larga.
—En el caso de que las cincuentenas nos dejen pasar… —contestĂł el bucanero, que aparecĂa siempre pesimista.
—Acabaremos con todas —afirmó el gascón con gesto trágico.
Atravesaron la bodega precedidos de los negros y subieron al patio en el momento en que el cielo se teñĂa con los primeros reflejos de la aurora.