El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo UN DUELO TERRIBLE
—El capitán tarda esta noche.
—Carga la pipa, mi querido Mendoza. Yo he llenado dos veces la mĂa y tira admirablemente; ÂżquĂ© diferencia encontráis entre las gradas de esta iglesia y las del castillo de proa?
—En la «Nueva Castilla» al menos hay quĂ© beber, MartĂn.
—Pero también llueven bombas, Mendoza, y las de los españoles no son menos terribles que las nuestras.
—No digo lo contrario, amigo; sin embargo, me encuentro mucho mejor allĂ. DespuĂ©s de todo, hay cañones para responder.
—¿Y no cuentas para nada con tu escopeta? Y tus pistolas, ¿están acaso cargadas con tabaco? Siempre refunfuñas, Mendoza, como un marinero viejo.
—No obstante, MartĂn, reconocerás que si hablo, sĂ© tambiĂ©n manejar la espada y el sable.
—Si asĂ no fuese, el señor de Ventimiglia, sobrino del famoso Corsario Negro, no te habrĂa elegido para que lo acompañases.
—Siempre tienes razĂłn, MartĂn. ÂżHa terminado ya la mĂşsica?
—Ahora no la oigo.
—Entonces el capitán no tardará en llegar.
—Carga otra vez la pipa.
—Tira como una chimenea.