El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Que fuese en realidad el galeón que el hijo del Corsario Rojo aguardaba con tanta impaciencia para apoderarse del secretario del marqués de Montelimar, nadie habrÃa podido afirmarlo con plena seguridad, dada la distancia y la débil claridad que alumbraba las aguas del espléndido y grandioso golfo mexicano. PodÃa ser algún velero corsario, salido de la Tortuga para dar caza a las pequeñas naves costeras españolas que traficaban con Puerto PrÃncipe o con la isla de Gonave.
El joven capitán seguÃa atentamente con el anteojo la ruta de la nave señalada. Hasta que la claridad fuese más intensa no se atrevÃa a aventurar juicio alguno.
—Barco de alto bordo —exclamó al fin, volviéndose hacia su lugarteniente y el gascón, que estaba detrás—. La arboladura es imponente.
—¿Será el «Santa MarÃa»? —preguntó el señor Verra.
—Las pequeñas embarcaciones de cabotaje no se atreven a alejarse mucho de tierra cuando se encuentran en aguas surcadas por los filibusteros de la Tortuga, vos lo sabéis como yo. Si no fuese un barco capaz de defenderse, no navegarÃa tan lejos de la costa.
—¿Doy la orden de que se preparen para la lucha, señor conde?