El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo El tiro salió; un segundo después estallaron un ¡viva! fragoroso y gritos de:
—¡Bravo, Mendoza!
No era otra pluma lo que el vizcaÃno habÃa arrancado a la nave adversaria. El palo mayor, tronchado por abajo de la cofa, habÃa caÃdo sobre el galeón, inclinándose violentamente del lado de babor.
En la caÃda arrastró la gran vela latina y la cuadrada, que cubrieron parte de la tripulación.
—¡He aquà un tiro maravilloso! —exclamó Barrejo—. Mi doblón está seguro.
—¿Estáis satisfecho, señor conde? —preguntó Mendoza, con aire de triunfo.
El señor de Ventimiglia, en vez de responder, desenvainó la espada, gritando con voz tonante:
—¡Al abordaje, muchachos!… ¡Dentro de diez minutos el galeón será nuestro!…