El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo DOS FILIBUSTEROS FANFARRONES
—¿Y esto es Jerez, o Alicante?
—Os juro por mi vida que ya no lo distingo, compadre.
—¿Habéis bebido demasiado?
—¡Un gascón! ¿Qué estáis diciendo, amigo Mendoza?… ¿Queréis ofenderme?
—No, por cierto, camarada.
—Los gascones no toleran ofensas.
—De sobra lo sé, amigo Barrejo —contestó el compañero—. ¿Acaso no somos del mar de Vizcaya?
—Vos sois de la otra orilla.
—Pero en cambio, vos no sois marinero, y por tanto no sabéis orientaros.
—¡Un gascón!…
—Lo dicho… No sabéis orientaros en cuestiones de vinos. ¿Deseáis una prueba? Pues ignoráis si en este momento bebemos Jerez o Alicante.
El aventurero rascĂłse la cabeza, haciendo algunas muecas, luego cogiĂł el vaso que tenĂa delante y con gran solemnidad bebiĂł el lĂquido que contenĂa.
—Os advierto, compadre, que no pago lo que estáis consumiendo, porque el famoso doblón que apostamos en la bodega de la marquesa de Montelimar nos lo hemos ya bebido.
—¿Todo el doblón? —gritó Barrejo.
—Acaba de decĂrmelo el tabernero.