El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Ese individuo es un ladronzuelo… ¡Qué nos hemos bebido un doblón! ¿A cuánto cobra la botella?
—¡Qué sé yo! La aritmética nunca ha sido mi fuerte.
—Os repito que es un ladronzuelo.
—Es probable; sin embargo, no irĂ© a decĂrselo en su cara.
—Porque no sois gascón.
—¿Tenéis ganas de pendencia? Ya sabéis que el señor conde nos ha recomendado gran prudencia, advirtiendo que nos encontramos en medio de enemigos.
—Un gascón no siente nunca miedo. Voy a romper la cabeza a ese truhan, que cobra por cualquier botella varios doblones.
—Uno… uno solo, compadre —dijo Mendoza.
—En Gascuña, con un solo doblón, se bebe un año entero.
—Aquà estamos en América.
El gascĂłn, que habĂa bebido demasiado se puso en pie de un salto.
—¡Ladrones taberneros! —gritó, rompiendo el vaso que acababan de servirle—. ¡Eso es vaciar los bolsillos!…