El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Los condes de Ventimiglia eran cuatro hermanos, bravos jefes, que gozaban de la absoluta confianza del duque de Saboya. Encerrados en una fortaleza con dos regimientos, defendíanse heroicamente, cuando cierta noche el enemigo entró por una puerta que un traidor le abrió, a cambio de una suma enorme de dinero. El primogénito de los Ventimiglia murió, mejor dicho, fue asesinado a traición, por un sicario del duque cuando intentó oponerse a aquella invasión. Era Wan Guld, que se había vendido al enemigo para ser, poco después, gobernador de una de las colonias españolas del Golfo de México.
—En efecto, lo recuerdo —afirmó el marqués de Montelimar—. Los tres condes de Ventimiglia atravesaron entonces el Atlántico para matar al traidor, y bajo el nombre del Corsario Rojo, el Negro y el Verde, con el auxilio de Pedro el Olonés, de Wan Horn, de Laurent, de Grammont y de otros célebres filibusteros, arruinaron nuestras colonias y saquearon todas las ciudades marítimas del Golfo de México.
—Y los españoles ahorcaron a mi padre, ¿es cierto?
El marqués palideció intensamente y no pudo dominar un estremecimiento.
—¿Es cierto? —repitió el conde.
—No puedo negarlo.