El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo TERRIBLE BATALLA NAVAL
Fuerza es reconocer que una fortuna extraordinaria protegía a aquellos audaces ladrones de mar y que un triste destino perseguía con obstinación increíble a los descendientes de los famosos conquistadores que, con pocos arcabuces, pero con mucho valor, habían derribado los imperios más poderosos de la América del Norte, del Sur y del Centro.
Tomar por asalto una ciudad reputada como una de las plazas más fuertes de Nicaragua, burlar a dos mil quinientos soldados, evitar numerosas asechanzas y llegar al fin sanos y salvos, a través de un país infestado de indios hostiles, resulta una cosa estupenda, casi inverosímil; y sin embargo, el relato de aquella expedición, trazado por mano de los hombres consérvase aún para probar la exactitud de un hecho tan extraordinario.
La fortuna no parecía dispuesta a desamparar a aquellos formidables ladrones del mar, porque veinticuatro horas después de su llegada a las costas del Pacífico, encontrábanse seguros en la isla de Taroga, en medio de los demás filibusteros, que habían llegado a los mares del sur en dos buenos buques de combate.