El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo LA REINA DEL OCÉANO PACÍFICO
Las tinieblas descendĂan rápidamente sobre el OcĂ©ano PacĂfico y millones de estrellas brillaban como diamantes en el purĂsimo cielo.
Un esquife deslizábase lentamente, con pequeños golpes de remo, hacia el amplio puerto de Panamá.
Cuatro hombres lo tripulaban: el conde de Ventimiglia, que empuñaba la barra del timón, Mendoza, Barrejo y Don Hércules, que manejaban los remos.
El esquife, ligero como una ballenera moderna, corrĂa dulcemente sobre las negras aguas, dejando a popa, de vez en cuando, una estela fosforescente.
—¡Alto!
El conde de Ventimiglia se puso en pie.
—¿Qué ocurre? —preguntó.
—Una carabela nos sigue y trata de adelantársenos.
—Ocultémonos tras los galeones.
—Eso mismo iba a proponeros, señor conde.
—Dad fuerte a los remos.
—PreferirĂa dar a la espada —refunfuñó Barrejo, que nunca sintiĂł gran aficiĂłn a remar.
El esquife deslizóse rápidamente entre los grandes galeones y se acercó a la orilla.
Una gran sombra proyectĂłse en aquel momento sobre la bahĂa: era una de las carabelas encargadas de vigilar la entrada del puerto.