El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo El gascón sujetó por un brazo al primer soldado que atravesó la plaza y le preguntó dónde vivÃa el consejero don Juan de Zabala.
—Allà frente —contestó el español—. ¿De dónde venÃs que ignoráis la casa que habita un personaje tan importante?
—Venimos de México —contestó el gascón.
El militar encogióse de hombros y prosiguió su camino, murmurando:
—Estos aventureros son idiotas; beben mucho mezcal…
Afortunadamente, el terrible gascón no lo oyó.
El conde y sus compañeros dirigiéronse al palacio indicado.
—¿Está vuestro amo en casa? —preguntó el conde a los dos negros que paseaban ante la puerta.
—Se encuentra en su despacho trabajando —contestó uno de los centinelas.
—Pues ve a decirle que tengo que hacerle una revelación importante, de parte del IlustrÃsimo señor Presidente de la Real Audiencia. Diez piastras si desempeñas pronto la comisión.
El negro subió los escalones de cuatro en cuatro, espoleado por la ganancia de aquella recompensa.
No habÃa pasado un minuto, cuando bajaba corriendo, con peligro de romperse la cabeza.