El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —No es otro que el señor de Ventimiglia —respondió el marqués—. Un hombre joven aún, verdadero tipo, italiano, con cabello y bigote negros, tez ligeramente bronceada.
—¡SÃ, él es! —exclamó el consejero.
—¿VenÃa acompañado de tres hombres?
—SÃ, los tres con aspecto de espadachines.
—¿Volverá aqu�
—Mañana por la noche.
—¿Qué harÃais en mi lugar, don Juan?
—Prenderlo y ahorcarlo cuanto antes.
El marqués movió la cabeza.
—No —dijo luego—. Se averiguarÃa que la bella india a quien yo he adoptado es hija del Corsario Rojo; se sabrÃa también que tengo un motivo para conservarla a mi lado y se conocerÃan otras muchas cosas. No, hay que terminar este asunto sin ruido.
—¿Qué queréis decir, amigo mÃo?
—¿No tenéis a vuestras órdenes algún espadachÃn notable? Alguno famoso, porque se dice que el conde es un tirador terrible. Una asechanza, una disputa, una buena estocada, y nos veremos libres de ese importuno.
El consejero meditó un momento; luego dijo:
—Ya lo he encontrado.
—¿Quién es?