El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo El conde se volvió hacia Mendoza.
—¿Conocéis el sitio?
—SÃ, señor —contestó el vizcaÃno.
—Pues allà nos reuniremos lo más pronto posible.
El consejero sacó de uno de los cajones una bolsa bien repleta y la depositó sobre el escritorio, diciendo:
—Os anticipo cuarenta doblones para los primeros gastos. El resto lo cobraréis cuando hayáis libertado al marqués.
El gascón en el acto se apoderó del pequeño tesoro.
—Y ahora, marchaos a esperar a vuestro jefe —dijo el consejero.
—Permaneced en guardia, señor conde —murmuró el gascón al oÃdo del corsario.
El señor de Ventimiglia encogióse ligeramente de hombros y dijo en voz alta:
—Me habéis comprendido: en el faro de Granada, a las doce en punto. Que la chalupa esté lista.
Los tres aventureros, algo más tranquilos ante la serenidad que el conde revelaba, salieron, acompañados por un esclavo que les aguardaba en la estancia inmediata.