El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —¡Imposible!
—Es un Ventimiglia, un pariente de los terribles corsarios que con Pedro el Grande, Laurent, Wan Horn y el Olonés han destruido tantas ciudades del Golfo de México.
—¡Oh, Dios mÃo! —exclamó la marquesa, dejándose caer en la butaca—. ¿No estaréis equivocado?
—Tenemos la prueba de que es realmente un Ventimiglia.
—¿Cómo habéis podido adquirirla?
—El trozo de acero clavado en el pecho del conde de Santiago llevaba grabado el nombre del matador.
—¿Entonces habréis destruido ya su fragata?
—Aún no, marquesa —respondió el capitán—. Esperamos a que sea de noche para abordarla. ¿Dónde está ese hombre?
—Ya ha partido.
—¿Partido? —exclamó el capitán, quedándose lÃvido.
—Me ha dejado hace media hora, después de haber almorzado conmigo, diciéndome que iba a pasear por el jardÃn.
El capitán se dio un puñetazo en la coraza.
—¿Me habrá visto atravesar la cancela del jardÃn? —se preguntó, tirándose furiosamente de los bigotes—. ¡Huido! Pero ¿a dónde? Es probable que esté oculto aquà en algún rincón. ¡DÃaz!…